Lo primero que se nota en Uzbekistán es el olor: cordero y comino subiendo de un enorme kazán de hierro, un melón dulce abierto en un puesto del mercado, pan non recién sacado del horno de barro. Para un viajero español criado en el ritual de la mesa larga, donde una comida nunca es solo comida sino una tarde de conversación, la Ruta de la Seda es como llegar a una cocina que no sabía que tenía.
Uzbekistán es uno de los destinos que más crecen de Asia Central y los españoles entran sin visado hasta 30 días. Pero la verdadera razón para venir es la mesa: la Ruta de la Seda gastronómica, un viaje que se saborea ciudad a ciudad.
Samarcanda y el ritual del plov
Ningún plato cuenta la historia de Uzbekistán como el plov (osh): arroz cocinado lentamente con cordero, zanahoria amarilla, garbanzos y membrillo hasta que cada grano brilla. En Samarcanda se cocina en calderos enormes y, como una buena paella valenciana, tiene lealtades regionales feroces y un maestro al mando. Comer plov es un rito social: se comparte de una fuente común, siempre con té verde y buena compañía. Quien valora la sobremesa reconocerá su alma al instante.
Bujará: especias, seda y bazares vivos
Los bazares cubiertos de Bujará comercian con azafrán, comino, orejones y agracejo desde hace mil años. A finales de la primavera se celebra la Fiesta de la Seda y las Especias, cuando la ciudad vieja se llena de bailarines con trajes tradicionales, ceramistas, bordadores de oro y vendedores de especias. Recorra las cúpulas comerciales, tome té junto al estanque de Lyabi-Hauz y pruebe la samsa, empanadillas hojaldradas horneadas en el tandir y rellenas de cordero y cebolla.
Jiva, los melones y el dulce final del verano
Dentro de las murallas color arena de Jiva, Patrimonio de la Humanidad, el final del verano es la temporada del melón. Los melones uzbekos son legendarios en toda la antigua Ruta de la Seda: se cuenta que los mercaderes los enviaban a cortes lejanas. Aquí puede probar una docena de variedades, junto con fruta deshidratada, frutos secos y halva.
Por qué los viajeros españoles se sienten en casa
Uzbekistán premia lo que más valoran los viajeros españoles: una hospitalidad generosa, comida hecha para compartir, tardes largas y una cultura en la que un desconocido es simplemente un invitado que aún no se ha sentado. Súmele precios asequibles, fama de país seguro y una arquitectura tan azul que parece pintada en el cielo.
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